Holi.

Hace un par de días platicaba con este amigo, ese al que le cuentas todo, sabe las porquerías que has hecho y tus gustos culposos, con el que compartes habitación y sabes que nada sucederá, porque realmente son amigos. Me hace sentir menos loca y sola el saber que alguien piensa un poco como yo. Compartimos la opinión de que la felicidad está sobrevalorada y con esto no quiero sonar hater y amargada ante la vida, no. Pero la idea de una búsqueda constante por ser feliz me parece desgastante.

Los días llegan y se van, a veces por el trabajo, no tengo tiempo para hacer otra cosa que no sea llegar a casa, dormir y despertar para hacer lo mismo por la mañana. La rutina ha marcado mi vida los últimos 3, casi 4 años. Reconozco que me he vuelto algo ermitaña y sinceramente, no me molesta. Disfruto mucho hacer cosas sola, ir al cine, comer sushi sin pez, comprar un conjuntito bonito de lencería, caminar por las calles del centro, toparme con las incontables parejas que discuten en el metro y reirme porque en algún momento de la vida hice pendejamente lo mismo, vagar por los pasillos de accesorios fotográficos en las plazas y pensar en todo lo que podría hacer con ellos, escribir el contenido del sitio web para el estudio de foto que hoy es mi máximo proyecto, buscar talleres en los que pueda aprender algo. Bailar. Amo bailar, aunque por ahora he decidido alejarme del ambiente, los patrones amorosos en los que ahí me he involucrado, me tienen harta. Definitivamente, ya no los quiero.

No hago nada más, me he vuelto aburrida, lo sé. Tal vez traiga rezagada aún la crisis de los 25 y me duele crecer. Me he dado cuenta de que ya disfruto tener largas pláticas con mi mamá, en verdad me gustan y salir en familia los fines de semana ya no me parece una mala idea.

Sí, ya estoy grande.

A veces los momentos de felicidad llegan, me sorprenden y los agradezco. Ver sonreir a los que quiero me gusta, me hace sentir feliz, lograr una foto bonita, que la gente me pida que le haga una sesión, me motiva y me ilusiona dejar un recuerdo lindo en esas personas.

Hay tanto que quiero hacer, lugares que necesito visitar, comida que quiero probar, gente a quien conocer. No quiero apresurar a la vida, estoy aprendiendo a aceptar sus términos y condiciones, ya no me frustro (tanto) si no consigo lo que quiero cuando quiero.

Por algo pasan las cosas.

Aunque para muchos sea un cliché, para mí se ha vuelto un mantra, he dejado de necesitar tener el control de las cosas, de las personas y las circunstancias. Gracias a esto, estoy en paz.

Puedo decir que me siento plena y no porque crea que no necesito nada más, aún me falta mucho por aprender, hago un recuento de como he crecido profesional y personalmente y agradezco los chingadazos que la vida me ha dado.

Solo voy a seguir fluyendo, no tomarme la vida tan en serio, como dice mi amigo.

Al final, todo llega.